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miércoles, 29 de junio de 2016

Condores en Capclave, por Leonardo Espinoza Benavides, Fantastica review 4





Cóndores en Capclave: Primera Participación Chilena en Convención Estadounidense de Ciencia Ficción de Washington, DC.


Por Leonardo Espinoza Benavides


Cuando salí del hotel, luego de dos noches y tres días, supe de inmediato que la nostalgia se activaría en el momento en que perdiera de vista aquel recinto. Y es que había sido una experiencia casi onírica: la primera vez que participaba en una de estas convenciones, en los Estados Unidos, casa de aquellos autores por poco míticos que muchos hemos leído en nuestro recorrido por este género literario.

Había sido Capclave 2015, el Cónclave de la Capital, como indicara la composición de su nombre, la convención de ciencia ficción correspondiente al área metropolitana de Washington, DC. El evento lo organiza cada año la Washington Science Fiction Association (WSFA), una de las asociaciones dedicadas al tema más antiguas del país, funcionando, impresionantemente, desde 1947. Con el apoyo de la WSFA y de queridos compatriotas pudimos llevar a cabo, por primera vez, una presentación dedicada exclusivamente a la Ciencia Ficción Chilena.

Para muchos, un excelente fin de semana; para mí, un pequeño paraíso. No tengo forma de saber si otra oportunidad como esta se presentará, tendrían que alinearse los astros nuevamente, y por eso mismo fue que me di el tiempo y me detuve para observar aquel hotel antes de dejarlo. Atesoro esta experiencia como si fuera un álbum fotográfico de esos que ya no se ven, los que se guardan en estantes como libros y que se redescubren en alguna que otra noche de ensueño… Aunque, si lo pienso mejor, por el momento albergo el recuerdo como si fuera, más bien, un póster gigante pegado a la puerta del dormitorio de un adolescente. Creo que eso sería más acertado.


Fue un largo recorrido hasta el día de la presentación. Desde marzo planificando y concretando ideas, con la motivación de la WSFA siempre presente. Lo he dicho en otra oportunidad, pero me parece justo reiterarlo: las personas de la asociación con las que he compartido este año son individuos realmente espectaculares, y me llena de alegría poder contarme entre los miembros de su grupo. Son gente de motivación y dedicación inagotable. Pero esta vez tendré también palabras de reconocimiento para mis pares en Chile.

Como suele suceder cuando se planifica, tan solo cuando quedaba una semana para la convención aparecieron los imprevistos. Oh, los imprevistos… Son parte fundamental de la emoción, dentro de todo.

El proyecto estaba listo: haríamos una presentación de sesenta minutos en la que yo expondría durante media hora sobre la historia de la ciencia ficción en nuestro país para luego hacer un contacto vía Skype con Marcelo Novoa, quien nos actualizaría de la situación más reciente del género en Chile. Los últimos quince minutos estarían dedicados al diálogo con la audiencia. Antes de proseguir, mis más grandes agradecimientos a Marcelo, un pilar motivacional fundamental y un grandioso promotor literario. Lamentablemente, por razones superiores (y comprensibles), Marcelo me comentó… que ya no podría participar.

La epopeya había comenzado. Era lunes para entonces. La presentación: el sábado.

Aquí aparece, como salvador desde tierras distantes, el escritor Rodrigo Juri (un escritor notable, aprovecho de declarar). Unas cuantas semanas atrás, Rodrigo me había contactado vía mail. Había leído un artículo de mi autoría en el que comentaba el proyecto y llamaba a aunar fuerzas, llamado al que él acudió; probablemente impulsado por el espíritu de nuestros maestros. Nos mantuvimos en un contacto fluido en el que lo invité a que se nos uniera en el contacto internacional. Considerando que teníamos tan solo una hora programada, llegamos al consenso de que no lo sumaríamos. Sin embargo, Rodrigo se mantuvo siempre dispuesto a ayudar, y fue él quien debió recibir mi bombardeo de e-mails al borde del delirio cuando me vi forzado a reestructurar la presentación. Gracias, Rodrigo, por la paciencia.

Así fue como llegué a contactar al legendario Luis Saavedra. Creo que se ha ganado con mérito ese adjetivo. Luis me manifestó su gigantesco entusiasmo, y a la vez me informó que no podría integrarse. Tenía planificado un viaje. A fin de cuentas, iba a ser un fin de semana largo y le estaba avisando a solo tres días de la convención.

Mientras tanto Rodrigo recibía más de mis correos.

Gracias a Luis, terminé contactando a José Hernández Ibarra, también conocido como JH Magno, un admirable historiador del género. No pude entrar en contacto directo con él sino hasta el mismo jueves, a un día de mi hospedaje en el hotel. Le expliqué rápidamente en qué consistía la exposición, la parte que tendría que realizar, los tiempos con los que disponíamos, y finalmente me quedé tranquilo al recibir su confirmación. Es un joven muy proactivo y dedicado.

Le dije a Rodrigo que ya podía quedarse tranquilo. Habíamos llegado antes a un punto en el que sería él quien tuviera que tomar aquel rol de la teleconferencia, pero el orden se logró reinstaurar al final.

Las cosas preparadas, el viernes hizo su entrada.

Capclave 2015 había comenzado.

Llegué al hotel en Gaithersburg (a unos treinta minutos de Washington) y el entusiasmo y la alegría se me impregnaron por completo. Era un sueño cumpliéndose, al fin y al cabo; no es algo menor. Aun así, debo confesar que el viernes lo pasé gran parte de la jornada preocupado por la presentación del día siguiente, sin que eso me impidiera, a pesar de todo, disfrutar del ambiente.

Nueve salas de distintos tamaños destinadas a las actividades, la mayoría de las veces ocurriendo en paralelo. La convención misma consiste en eso: un gran grupo de personas (cuatrocientas en total es el promedio de los últimos años; sin contar el 2013, claro, año en que la participación de George R.R. Martin elevó el número a más de novecientos), todas repartidas en distintas actividades, desde presentaciones, paneles de conversación, talleres y algunos eventos particularmente especiales.

Me dediqué con mi amiga Kathi Overton, miembro de la WSFA, a preparar los detalles de Skype. Y entonces… otro imprevisto.

Rodger, encargado de la programación de la convención y a quien le agradezco su cordialidad y asignación del espacio para la presentación, me comenta que nos asignó, para nuestro beneficio, treinta minutos extras de presentación.

Sí, fue un imprevisto positivo, pero imprevisto de todos modos.

Siempre quise hacer de esta oportunidad algo para compartir con la gente de Chile, con los que sé que también se esfuerzan por contribuir a nuestra querida ciencia ficción criolla. Podía con José simplemente extendernos en nuestro diálogo y rellenar esos minutos agregados, pero quisimos intentar sumar a alguien más.

¡Rodrigo! No sé qué habrá pensado a esas alturas, pero, por supuesto, le estaba avisando con muy poco tiempo luego de haberle dicho que se quedara tranquilo, así que era más que entendible que no pudiera participar.

Invité también a Mario Bustos Ponce, amigo y escritor publicado por Puerto de Escape, pero, también…, digamos que no le di mucho tiempo para prepararse. Estaba, además, fuera de Santiago.

No hubo problemas, sin embargo. Nos preparamos con José y nos sentimos más que listos para el día siguiente. Cuarenta minutos para historia de la ciencia ficción, otros veinte para el contacto con José, en el que yo iría traduciendo sus palabras al inglés, y el resto para la audiencia.

Esa noche, para relajarme y disfrutar, acepté la invitación y me fui a tomar una cerveza al piso 12, donde se llevaban a cabo las juntas y celebraciones nocturnas. El encuentro fue fantástico; la cerveza…, una idea no muy buena. No tenía forma de predecir que aquel brebaje oscuro decidiría destruir mi sistema digestivo. Raggin Bitch era la marca, por si les interesa buscar la traducción.

Está bien, quizá tan solo eran los nervios.

Sábado 10 de octubre, 2015: la presentación chilena. Comenzábamos a las una treinta de la tarde y terminábamos a las tres. Camisa, pantalón caqui y zapatos listos. Me instalé en el Salón A, el que me correspondía. Las diapositivas desplegadas, José en línea por Skype y la gente que comenzaba a llegar. Pasados unos pocos minutos de la hora indicada, partimos.

Fue un éxito. Noventa minutos gloriosos.

Les presenté nuestro país (vino y terremotos es claramente lo que más se asocia aquí a nuestra patria; el vino en particular generó bastante entusiasmo al ser mencionado) y luego me explayé sobre la ciencia ficción chilena. Desde Francisco Miralles hasta el siglo XXI. Después José proveyó un análisis de la ciencia ficción dentro de la literatura fantástica, y a continuación el auditorio procedió con el alce de sus manos.

No se le podría pedir nada más a ese grupo de interesados que fueron a observarnos. Pocas veces he visto tal motivación. Preguntaban por la influencia de la poesía en nuestras letras, así como también por la importancia de nuestros observatorios astronómicos; opinaron, analizaron, comentaron. Anotaban nombres de libros, de autores. Terminaba la presentación y se acercaban para seguir conversando y extender sus felicitaciones.

Envié las buenas nuevas a Chile y el resto del día fue como estar en un nirvana.

Lo habíamos logrado.

Pude disfrutar del resto de la convención en un estado de goce supremo. Compartí un buen almuerzo con el bondadoso Lance Oszko, un entusiasta experimentado de la ciencia ficción, y a quien le aproveché de clarificar que Jodorowsky era de Chile y no de México, como él creía. Siendo un tipo de muchos viajes, entre las cosas que me contaba era que los contactos los solían hacer buscando asociaciones, como había sido una vez el caso con Polonia, cuando él visitara aquella zona. Me llevo a Chile esa misión pendiente; creo que el modelo de la WSFA es un magnífico ejemplo a homologar con nuestro respectivo acento.

Ese mismo día se entregó el WSFA Small Press Award, del cual tuve el agrado de participar como jurado, llevándose el premio el cuento Jackalope Wipes, de Ursula Vernon, que también ganara el Nebula. Y vaya que fueron buenas las palabras introductorias de Sam Lubell, recordándonos la importancia del cuento, del relato corto, en todo lo que ha sido la ciencia ficción.

Se felicitó a Rodger por su trabajo y se les brindaron reconocimientos a los invitados de honor: Alastair Reynolds, escritor británico de ciencia ficción, y Gordon Van Gelder, editor de la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction.

La jornada concluyó impecable.


El domingo fue un día más calmo. Era un día de cierre. Compartí conversaciones y asistí a unas cuantas charlas que me resultaron interesantes. Antes de dirigirme a la última del día, que trataba sobre el cambio climático en la ciencia ficción, tuve la enorme fortuna de compartir unas palabras con el ya mencionado Gordon Van Gelder. Un tipo sencillamente fenomenal; amigable y cercano. Además de darme un ejemplar de su revista, me regaló el libro Welcome to the Greenhouse, una antología editada por él. Para el viaje de vuelta a Chile, me dijo.

Como ya lo mencioné, un tipo fabuloso.

Y a eso de las cuatro de la tarde, ya estaba parado en las afueras del hotel, con mi mochila y mi maleta, sopesando y respirando toda la odisea. Una odisea hermosa, única, de la cual no hay momento en que no me sienta agradecido.

Ya lo había antes concluido, pero pude corroborarlo una vez más. Los logros aquí surgen de la hermandad que han creado, un largo trayecto que han ido caminando en conjunto, apoyándose y creyendo fervorosamente en lo que hacen, sin importar los horizontes que alcancen, sino tan solo enfocándose en expresar y cultivar un cariño y un sueño compartido. Y hay espacio para todos.

Pude ser testigo de la escena estadounidense, tan excelsa; pero pude también percibir ese vínculo que nos une en Chile a los que por voluntad propia nos integramos a este pequeño y simple nicho. Recibí una ayuda desinteresada y se los agradezco personalmente, a cada uno de ustedes. Hay una hermandad implícita de la cual no tengo dudas. Creo que resulta inevitable.

Y así ocurrió la primera participación chilena en esta convención; un logro no de uno, sino de nosotros. Y en el nosotros cabemos muchos.

Cuando existe bondad, esfuerzo y compañerismo, nada más que buenos frutos pueden surgir.

16 de Octubre, 2015. Virginia, USA



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