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viernes, 24 de junio de 2016

La reivindicacion de un Maestro: Hugo Correa, por Mario Bustos Ponce. Fantastica Review 4

La reivindicacion de un maestro: Hugo Correa


Por Mario Bustos Ponce

Autor de “Los vástagos de la Mente” (Editorial Puerto de Escape)

Originalmente publicado en Fantastica Review 4




Curepto es una pequeña localidad cercana a Talca perdida entre los cerros de la cordillera de la costa de la región del Maule. Lamentablemente se ha hecho célebre por la vergonzosa inauguración del “hospital fantasma” hace algunos años. Sin embargo, en ese perdido pueblo en el año 1926 nació uno de los más talentosos autores nacionales: Hugo Correa Márquez.

Su nombre tal vez para la mayoría resulte tan desconocido como el pueblo en que nació, y no sería de extrañar que ni en su propia localidad natal conocieran de su persona y de su legado. Por eso −en estas breves líneas− quisiera referirme a tan ilustre escritor, que ha sido lectura obligada de unos pocos y un personaje desconocido para muchos; lamentablemente parece ser ese el pago de Chile a muchos de sus artistas.

Hugo Correa fue uno de los más destacados escritores de ciencia ficción que ha nacido en nuestras tierras: ello se demuestra en que incluso el mismísimo Ray Bradbury lo reconociera a nivel internacional, permitiendo que sus obras fuesen traducidas a varios idiomas; Isaac Asimov también lo alabó en más de alguna oportunidad. Dentro de América muchos compararon su obra con la de Borges o Cortázar. Es decir, Hugo Correa fue –y es− uno de nuestros mayores exponentes literarios.

Con una trayectoria reconocida internacionalmente resulta más que desilusionante que en su propio país pase inadvertido. Y es que Hugo Correa no sólo puede ser considerado como un gran autor de ciencia ficción, sino que primeramente, como un gran escritor. Su prosa es fluida, elegante e inteligente, por lo que su lectura no solo puede ser disfrutada por un apasionado a la ciencia ficción, sino que por todo aquel apasionado por la buena literatura en general.

De profesión periodista, fue columnista en los diarios “El Mercurio” y “La Tercera”, y de la revista “Ercilla”, aunque su gran legado fue en el mundo de las letras fantásticas. Desgraciadamente, tampoco desde el mundo cultural chileno hubo reconocimiento alguno, a pesar de ser el único latinoamericano citado en la Enciclopedia Mundial de la Ciencia Ficción.

Sus obras en general tratan el contacto con otras especies desde un punto de vista lógico e inteligente, pero sin adentrarse en los terrenos de la ciencia ficción más hard. En general su estilo recuerda mucho a grandes de la literatura mundial como Asimov, Clarke o Niven, e incluso en muchas oportunidades sus temáticas o puntos de vistas fueron pioneros para otras obras internacionales ahora reconocidas a nivel mundial.
A pesar de haber muerto en Santiago el año 2008 sin nunca haber sido difundido como se merecía dentro de su país, hoy existen dos obras publicadas que nos pueden ofrecer la oportunidad de conocer a este gran autor. Ello es más que positivo, pues muchas de sus obras se han perdido a lo largo de los años y sus ejemplares sólo pueden ser encontrados –si es que aún hay− por acérrimos fanáticos del género.

Sin embargo, ese panorama puede cambiar. Su obra más conocida Los Altísimos (1959) y otra póstuma El valle de Luzbel (2015), al ser reeditadas el presente año hacen que Hugo Correa pueda salir a luz de su injusto anonimato.

Los Altísimos fue la primera novela, publicada de Hugo Correa en 1951 y ampliada en 1959. Actualmente es considerada una de las obras fundamentales de la literatura fantástica chilena y sus pretensiones pueden ser holgadamente comparables con los escenarios imaginados por Isaac Asimov en Fundación o en Bóvedas de Acero, o por Larry Niven en Mundo Anillo (y sus secuencias). Los Altísimos nos presenta una distopía en donde un chileno cualquiera –Hernán Varela− despierta en un lugar desconocido que resulta estar en un mundo oscuro y deprimente donde sus habitantes son meros títeres de los caprichos de una raza superior y desconocida. Dentro de sus grandes méritos está la capacidad de construir un planeta –Cronn− (en donde se desarrolla la historia) de una complejidad y verosimilitud tan sorprendente que es difícil abstraerse de esa realidad; las descripciones de esta sociedad que vive en la parte interior del planeta, con sus transportes magnéticos, sus superficies cóncavas y sus “anillos” interiores hacen recordar el estilo técnico de Cita con Rama de Arthur C. Clarke. La primera vez que leí Los Altísimos quedé más que impresionado y pensando, “es increíble que esto lo haya escrito un chileno y casi nadie lo conozca”; es de lo mejor que he leído desde hace mucho tiempo, y como dije, comparable con las obras de los grandes maestros de la ciencia ficción.

La otra obra de Hugo Correa que ha sido publicada este año es El valle de Luzbel, una obra inédita que fue publicada póstumamente. En esta se nos presenta a un hombre solo y jubilado –Carlos Sánchez− que a través de varias intrigas termina participando en un gran misterio que involucra seres de otros mundos. Ambientada en Santiago, su lectura en principio se torna extraña por cuanto el maestro Correa combina narradores omniscientes, protagonistas y testigos durante todo el texto; sin embargo, pronto el lector descubre la lógica de la técnica literaria utilizada y se deja llevar por la atrapante trama.

Espero que con el tiempo se vayan reeditando y publicando otras obras perdidas de Hugo Correa como El que merodea la lluvia (1962), Alguien mora en el viento (1966), Los títeres (1969), Los ojos del diablo (1972), Donde acecha la serpiente (1988), La corriente sumergida (1993), entre otras, para que podamos seguir accediendo a la literatura de este magno autor.

Ciertamente la ciencia ficción nació en el hemisferio norte y es siempre necesario leer a los grandes maestros foráneos, pero en Chile tenemos a otros grandes tan o mejores que ellos, por lo que también es necesario leerlos y darles el sitial que les corresponde. Hugo Correa es fiel prueba de ello.



Santiago, Noviembre de 2015

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