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martes, 19 de julio de 2016

Los vacios del terror nacional y las respuestas al problema, por Henry Ravello para Fantastica Review 3



Los vacios del terror nacional y las respuestas al problema


Por Henry Ravello

Publicado originalmente en Fantastica Review 3



Resulta facilista para el autor de literatura fantástica -enmarcado en el subgénero de terror-, al ser consultado sobre sus influencias en la temática, responder con los autores canónicos de la cultura occidental: Edgar. A. Poe con sus narraciones extraordinarias o H.P Lovecraft y los mitos de Ctchulhu, y complementar así con la pantalla grande en las adaptaciones de los libros Stephen King, pero al momento de ser consultados por autores locales (en la vertiente latina del asunto), la respuesta inmediata -por no decir obvia- es el escritor uruguayo, Horacio Quiroga con cuentos de amor locura, y de muerte, que pese a ser un libro de magistral nivel, es lectura obligada en los colegios, y es muchas veces, la única respuesta ante la occidentalización del terror. Cabe entonces preguntarse ¿Existen atisbos de literatura de terror en Chile?

Trataré de dar respuesta a estas interrogantes basándome en dos autores (y algunos hechos), que a pesar de mantener el espacio en la memoria nacional, no gozan del lugar que se les merece.

En la década del 40, en Punta Arenas, un joven Juan Marino, comienza una carrera radial, con un peculiar personaje, que homologaba al Drácula de Stroker, o al Frankenstein de Shelley. Este personaje multiforme (imitando a los monstruos sinestésicos de Lovecraft), comenzaba a sonar en las radios de todo el país, llegando a una de las más importantes en la capital: la radio Portales. Lugar desde donde fue transmitido desde Santiago, hasta los rincones más recónditos a lo largo del país.
Juan Marino, había creado al: Dr. Mortis. Llamado de diferentes formas, con juegos intercalados con las letras de su nombre: Tiss Morgan, Tmiros, Misrot, M. Ortiz, Stroim, Morgenthys, T.S. Mori, Ry Thomas, Sitmor, Ross-Mithor, Trosmi, Mohr Silentis, etc. Muchas veces con aspecto afrancesado, otras con aspecto amorfo, Mortis se abría paso en un sitio inhóspito hasta esa fecha en lo nacional, el terror.
Durante tres décadas aproximadamente los programas tuvieron especial éxito en el público, tanto es así que fueron múltiples las adaptaciones que se le hicieron: desde cómic, los libros e incluso el teatro. El siniestro doctor, junto con muchos otros proyectos culturales, fue cancelado el fatídico septiembre del 73. No obstante hubo un intento de realizar una reinvención (remake) del personaje el 2011, con mediocres resultados, por varias razones, siendo la principal la risa que sólo Juan Marino, podía realizar.

Ya, de vuelta a la democracia, el exponente que se debe tener en consideración, es el poeta y escritor Thomas Harris, considerado parte fundamental de la generación de los 80.
Harris, con sus cuentos de horror en Historia personal del miedo, aspira a que este funcione como una “vieja película de terror”1.
Los cuentos se basan en temáticas cotidianas, donde se producen quiebres en la realidad, provocando espacios ominosos en la lectura.
Así, textos de expediciones infructuosas, muebles que provocan inquietud, relatos de zombies (Con dedicaciones a Romero), en condiciones preternaturales, crean el ambiente en la narrativa de Harris.

Ambos, son en mi punto de vista los dos grandes exponentes del terror chileno, no obstante, se debe considerar, una experiencia no menos importante, la fuente de relatos campesinos de tradición oral. A saber, los mitos y leyendas chilenas, fuente riquísima en cuanto de recursos, puesto que no sólo de Pincoyas y Traucos se adorna el paisaje, si no, también de Piuchenes y Tue-Tués, es que se complementa el bestiario local.
Y por último, los Psycho Killers chilensis, que nada tienen que envidiar a un Jack el destripador. Así, como ejemplo en enero del 2012, Emol, publicaba las noticias: “Anticuario decapita a mujer en Lolol y hallan otra cabeza oculta” (Emol, 2012), la noticia en cuestión hablaba del terrible asesinato de una mujer horrorizada al encontrar una cabeza en el museo de antigüedades del asesino, siendo decapitada en el acto. Tampoco un Charles Manson, que causó gran impacto mundial en su momento, es equiparable a lo que “nuestro” Antares de la Luz, realizó a una recién nacida.

La realidad muchas veces, supera la ficción, y como decía el fallecido autor Gabriel García Márquez, es cuestión de leer los diarios. Para tener una real bibliografía de terror nacional, es necesario buscar antecedentes de atisbos de terror local, y sin desmerecer el terror inglés, no quedarse sólo en el film yankee, y más que escribir, leer… o bien utilizar a audiolibros al más puro estilo de Juan Marino. 

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