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domingo, 18 de septiembre de 2016

Entre el desierto y el entusiasmo: Panorama de la Ciencia Ficción en el Perú, por Daniel Salvo




Entre el desierto y el entusiasmo: Panorama de la Ciencia Ficción en el Perú




Por Daniel Salvo

(Publicado originalmente en portal El Hablador.com en 2004)




Es un hecho conocido que nuestro mundo literario está mayoritariamente adscrito a la vertiente que podríamos llamar "realista", de modo que el lector usual podría pensar que en el Perú no se han dado manifestaciones de los mal llamados géneros menores, como son la ciencia ficción, el terrorífico, el policial y el fantástico.


Nada más lejos de la verdad. Lo que ocurre es que nuestra industria editorial no tiene la envergadura de sus similares de otras latitudes, donde puede hablarse de tirajes de millones de ejemplares, mientras que en nuestro país un escritor novel sueña con tirajes de cientos... Mal que nos pese, es nuestra realidad.


Por consiguiente, si tomamos en cuenta ambos factores, el resultado será que la producción literaria "alternativa" pasará desapercibida para el gran público, de modo que difícilmente una novela de ciencia ficción o de horror "a la peruana" podrá formar parte del canon de "las novelas más importantes de la década" o similares, que suelen publicarse en revistas especializadas. De modo que una relación de novelas o relatos de ciencia ficción nacional simplemente no existe en el mercado, ni parece ser objeto de inquietud académica.

Y sin embargo, se mueve... Pese a que uno no esperaría encontrar nada en el panorama antes descrito, pues resulta que no está tan yermo como parecía a simple vista. Escritores hay que, en el pasado o en el presente, se han atrevido a ir contra la corriente prorrealista, vanguardista, JUM, indigenista, etcétera, y han incursionado en los géneros descritos: Mario Vargas Llosa escribió la novela policial Quien mató a Palomino Molero, Julio Ramón Ribeyro tiene varios cuentos fantásticos, al igual que Harry Beleván, compilador de la excelente Antología de la literatura fantástica en el Perú (1977).


En el presente artículo, trataremos específicamente de la ciencia ficción, aunque previamente tenemos que hacer una precisión. A diferencia de otros países, no existen editoriales nacionales con colecciones o apartados específicos para la ciencia ficción (o para los otros géneros). Y eso dificulta la identificación de dichas obras.


Generalmente, la ciencia ficción se define como un género que se ocupa del impacto que en el futuro tendrán las innovaciones científicas, incluyéndose los avances en ciencias sociales. En ese sentido, y para bien, pierde esa aura de infantilismo y de literatura sólo para iniciados que muchos fanáticos desean que posea, sin caer en cuenta que así contribuyen al desprestigio del género y a la visión del aficionado como un excéntrico.


Simplificando así las cosas, ¿qué tiene de raro que un escritor, en un momento dado, comience a especular acerca del futuro, del porvenir, extrapolando la realidad que tiene a su alrededor? No es necesario contar con un entorno de alta tecnología, como pueden tenerlo los norteamericanos o los europeos, para pergeñar o redactar un relato o novela con estos ingredientes. No todo pueden ser luchas campesinas o biografías lumpen.


Así las cosas, tenemos como primer ejemplo al vilipendiado y recientemente reivindicado Clemente Palma (1872-1946). Curioso personaje, virtualmente expulsado del canon literario peruano, por sus ideas racistas y su infausto dictamen sobre la obra de Vallejo. Bueno pues, este Clemente Palma, a inicios del siglo XX, se encargó de jugar con los terrores de la humanidad ante el paso del cometa Halley con su cuento El día trágico (1910), especuló sobre los intentos de conseguir oro por parte de un alquimista del remoto año 3000 en La última rubia, sin contar otros cuentos fantásticos publicados bajo el nombre de Cuentos malévolos (1904).
Como sabemos, la producción literaria nacional siguió otros rumbos, muy ajenos a las especulaciones sobre el futuro o la tecnología, aunque existe el caso aislado de Héctor Velarde (1898-1989), exquisito humorista de una Lima (no de un Perú) que definitivamente ya fue, donde todo estaba "en su sitio", y la vida transcurría plácida... en medio de esta arcadia, irrumpe la modernidad que viene de Norteamérica, con sus supermarkets y aviones, y, sobre todo, con la bomba atómica. Velarde escribe una serie de crónicas y ensayos humorísticos que titula La perra en el satélite (1958), coincidiendo con la carrera espacial entre EE.UU. y la URSS. En este librito, aparece el relato La bomba J, en el cual la destrucción nuclear total tiene un fallo: la casa del limeñísimo Pedro Lanatta y Perales, diplomático, quien decide dedicar sus últimos días a escribir un diccionario para las futuras generaciones... Quien sabe, Velarde tal vez quiso expresar en este relato su melancolía por la pérdida de ese mundo limeño en el cual había nacido. Tiene también una pieza de teatro ambientada en el año 2427 titulada ¡Un hombre con tongo! (1950), en la cual las señoras van de compras al Jirón de la Unión utilizando hélices en la espalda para movilizarse.

Los años setenta del siglo XX son acaso los de mayor apogeo de la ciencia ficción peruana, guardando las distancias del caso. Destacan, hasta el presente inclusive, los escritores José B. Adolph y Juan Rivera Saavedra.


La "edad de oro"


Reseñar la obra de Adolph merece de suyo un artículo propio. Desde sus inicios, ha escrito cuentos que hacen difícil encuadrarlo en un género o tendencia. Sus relatos, publicados en sendas ediciones, son de todo tipo y color. Los temas que ha tocado son todos, o casi todos: la inteligencia artificial en Artemio y MULTICALl, la evolución de las especies animales en La rata, la inmortalidad en Nosotros no, el contacto con seres extraterrestres en Los bromistas, las catástrofes... Quizá el libro de relatos de Adolph que más cuentos de ciencia ficción contiene es Hasta que la muerte (1971), volumen que contiene el cuento El falsificador, que ha sido incluido en la antología de ciencia ficción latinoamericana Cosmos latinos (2003), publicada por la Universidad de Texas.


José B. Adolph también ha publicado novelas de ciencia ficción, como Mañana las ratas (1977), libro que, de haberse publicado en EE.UU., le quitaría al Neuromante de William Gibson la gloria de ser considerado como el iniciador de la moda ciberpunk. En esta novela, vemos un Perú totalmente balcanizado y anómico, gobernado por transnacionales cuya cúspide dirigencial reside en satélites que orbitan la Tierra. La religión, empero, sirve de aglutinante para la gestación de fuerzas rebeldes, que sin embargo no saben bien donde están parados.

Juan Rivera Saavedra tiene, entre otros, el gran mérito de utilizar por primera vez la etiqueta "ciencia ficción" con todas sus letras, como parte del título de su selección de relatos Cuentos sociales de ciencia ficción (1976), compuesto por cuentos llenos de ironía acerca de la condición humana. En ellos, Rivera Saavedra explora temas como los robots, la exploración de otros planetas, la escasez de alimentos, nuestra visión de los "otros".


En clave de space opera, José Manuel Estremadoyro publica la hilarante Glasskan, el planeta maravilloso (1971) y su continuación Los homos y la Tierra (1971). Se nota en ambas obras la influencia del interés desatado por el denominado fenómeno OVNI y la vida extraterrestre en general, siendo así que en la primera novela se nos describe un viaje a un planeta donde todo es perfecto, a la manera de las grandes utopías del renacimiento. En la segunda, los humanos entrenados por los galacsinos (habitantes de Glasskán) deben volver a nuestro planeta para ofrecer la paz y el progreso al estilo de Glasskán a la humanidad. No encontrarán a nadie merecedor de dichos dones, dedicándose a vivir una serie de aventuras de lo más disparatadas. Con todo, Glasskan... merece un lugar dentro del canon literario nacional, al menos por su originalidad. Total, si Ed Wood Jr. es hoy en día una suerte de ícono cinematográfico...


Curioso es el caso de Eugenio Alarco. Casi no hay noticia acerca de este autor, salvo por el brevísimo cuento "La magia de los mundos" que aparece en la Primera Antología de la ciencia ficción latinoamericana (1970), publicada en Argentina por Rodolfo Alonso. El cuento nos muestra el pavoroso futuro de la humanidad en manos de unos seres que no se sabe si son extraterrestres o humanos evolucionados, quienes utilizar los órganos y miembros humanos como repuestos.


Volver al futuro


Ya en la década de los noventa, Giancarlo Stagnaro, a sus catorce añitos, publica Hiperespacios (1990), una novela de aventuras espaciales que constituye un digno tributo a Isaac Asimov. Sorprende la independencia de criterio y el que Stagnaro no haya caído en el facilismo de seguir las modas literarias contemporáneas. Y después de todo, ¿por qué no pueden los peruanos del futuro dedicarse también a luchar contra invasores extraterrestres? Lamentablemente, esta obra no tuvo la difusión que merecía.


En provincias, también existe interés en el género, como lo prueba el volumen de cuentos Las formas (1997) de Carlos Bancayán Llontop, publicado de manera casi artesanal en la ciudad de Chiclayo. Entre otros, incluye los relatos Nutrición y Las formas, donde se especula acerca del lugar del hombre en el universo y acerca de los llamados poderes mentales, cuyo desarrollo da lugar a asombrosas revelaciones acerca de una importante figura religiosa.

A fines de los años noventa, se publica Un único desierto (1997) de Enrique Prochazca, una selección de relatos variada y de temática novedosa, donde el autor nos ofrece el cuento 2984, sobre un futuro distópico y la búsqueda del Gran Hermano.


La llegada de la Internet ha permitido que, hoy por hoy, se puedan publicar en la red relatos y novelas que de otro modo sería imposible conseguir. Con la aparición de páginas web cuyo objetivo es la divulgación de la ciencia ficción peruana, hemos podido acercarnos a la obra de autores noveles como Rubén Mesías Cornejo, José Donayre Hoefken, José de Piérola y otros.


El año 2003 ha sido pródigo para la ciencia ficción: José B. Adolph publicó la novela Un ejército de locos, acerca de un Apocalipsis desatado desde la internet, y la selección de cuentos Los fines del mundo, que incluye algunos cuentos de ciencia ficción. Por su parte, Juan Rivera Saavedra publicó Oprimidos y exprimidos, con algunos del género. 

Mención aparte merece con 8+1, conjunto de relatos de ciencia-ficción de Manuel Antonio Cuba, editado por la editorial Meteletra y que nadie sabe dónde adquirir. En estos casos, la mala distribución puede ser una enemiga más grande que los críticos.

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