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sábado, 28 de enero de 2017

La generación de las fotocopiadoras

La generación de las Fotocopiadoras

Por Roberto Alfaro

La década de los 80 es conocida por muchos como “la generación de las fotocopiadoras”. Gracias a ellas, varios autores pudieron realizar sus propias publicaciones de manera muy artesanal. Para que se entienda, estas publicaciones de carácter “fanzines” eran elaboradas de forma personal o por agrupaciones de chicos en torno a una idea o ideología, tanto artística como política.

Primero se comenzaba por definir cuál sería la temática y luego se procedía a escribir en alguna máquina los textos, relatos, cuentos, artículos, etc. Con suerte, si alguien contaba con algún computador, por primitivo que fuera, éste serviría para la causa. Después, luego de un tiempo transcribiendo, venía la elaboración de las imágenes, que habitualmente , eran dibujadas A MANO, sin ser expertos, por lo general, en dibujo, o simplemente servía una foto de alguna publicación ya existente.

La segunda etapa era el Armado, el que consistía en diagramar de manera manual la publicación, pegando textos e imágenes para ser llevadas, finalmente, a una gloriosa fotocopiadora y generar un cierto número de ejemplares. Una vez listo, el último paso, era vender la creación, normalmente entre los círculos de amigos, colegios, universidades o grupos afines. A veces los más pudientes simplemente los regalaban o realizaban alguna impresión en mimeógrafo.

Fanzines de historietas, poemas y artículos afines encontramos en títulos como “Tiro y Retiro” de 1983, “Beso Negro” de Carlos Gatica, Lucho Venegas y Udock Jacobsen, y “Matucana” de Alfonzo Godoy, ambas publicadas en 1984; y “Ácido” de Pablo Alibuad, Daniel Turkieltaub, Osvaldo Sacco y Charles Smith de 1987. Esta última era en realidad el esfuerzo creativo de realizar una revista que sólo llegó a ver la luz un par de números, mientras que con el tiempo “Matucana” se convirtió en una publicación bimensual con ventas en quioscos y librerías.

Existen otros fanzines, que apuntan en una dirección distinta. Son aquellos que abordaron la literatura fantástica, casi desconocido por quienes no son afines con esta lectura. Un esfuerzo casi titánico de reproducir cuentos de afamados escritores internacionales, reescribiéndolos a máquina para ser montados, posteriormente, en algún fanzine, donde además se encontraban interesantes artículos sobre el género, sin olvidar las críticas de cine y televisión, funcionando además como una vitrina de historias cortas de jóvenes promesas.

Comencemos nombrando al “Boletín de Fantasía y Ciencia Ficción” de “Sochif, Sociedad Chilena Fantasía y de Ciencia Ficción” de 1989, encabezado por su presidente el señor Carlos Raúl Sepúlveda, uno de los pilares indiscutidos de difundir el género fantástico dentro del país y que no ha tenido su merecido reconocimiento dentro del círculo incipiente de la CF nacional. Este boletín, escrito de manera muy coloquial, con un cierto matiz de humor entorno a los integrantes de Sochif, era acompañado de breves notas, noticias y uno que otro artículo, escritos por el propio Sepúlveda y en los que encontrábamos casi siempre a Luis Saavedra con alguna publicación de los acontecimientos, actividades y otros, muchas veces bajo la firma de “El Maldito Miserable”. Otros de los redactores fueron Marcelo Velasco, y mucho más adelante encontraremos a otros integrantes, que por lo general eran los más jóvenes interesados en participar, como Gabriel Huaman, René Weber y quien escribe estas líneas, entre otros.

La gracia de este humilde Boletín era que cruzaba las fronteras llegando algunos países vecinos o atravesando el Océano Atlántico hasta la Madre Patria y de igual forma, llegaba a Sochif comentarios o noticias de publicaciones extranjeras.
Quizás la publicación más longeva sea “Nadir” de Moises Hassón, que comienza aparecer en 1985 y llegó a publicarse durante casi una década. Esta fue una publicación hecha por aficionados (así rezaba su lema), de tiraje muy reducido y sin fines de lucro. Su único objetivo era la difusión de la ciencia ficción, la fantasía y géneros afines. Todas sus colaboraciones eran gratuitas. En “Nadir” encontrábamos artículos, noticias, algunas historias cortas. A diferencia de las otras publicaciones, “Nadir” era de gran tamaño, 21,5 cm de ancho por 28 cm de alto. Su impresión era de mejor calidad. Con el paso del tiempo el formato de la publicación cambio a uno más pequeño, es decir, oficio, para poder ser fotocopiado y doblado, obteniendo así un fanzine de un costo más barato y no tan elevado como su versión original. En Nadir comenzaron a colaborar algunos de los ex miembros de Sochif, que ahora integraban su propia organización, Ficcionautas Asociados, agrupación que llevaría al fandom y la ciencia ficción nacional a otro nivel, más cercana a la gente y no tan elitista.

En 1998, Sochif vuelve a la carga, esta vez con “Quantor, el universo de la fantasía y la ciencia ficción”. Atrás quedaba el fanzine fotocopiado para intentar crear algo más elaborado, una publicación que prometía ser trimestral. Aquí podíamos ver a destacados dibujantes nacionales, leyendas de la edad de oro de la historieta nacional como Maximo Carvajal Bermar y Hermán Escobar. Como siempre a la cabeza de “Sochif”, Carlos Raúl Sepúlveda, junto con algunos incondicionales como Marcelo Velasco, Adrian Rivera Rocha (otro escritor de historietas de la década de los 60) conocido cariñosamente como “el viejo Roca”, así como un gran número de colaboradores. Lamentablemente sólo se llegaron a publicar algunos números.

“Fobos” es el último bastión, el último hijo de las fotocopiadoras, que viene a cerrar una era. Fobos nace, si no me falla la memoria, a finales del año 2000 o principios del 2001, fecha que nos indica un nuevo siglo, uno lleno de maravillas tecnológicas que se describen en los pulp y literatura de ciencia ficción a comienzos del siglo XX. “Fobos” fue una publicación sin fines de lucro, con el único objetivo de difundir el género fantástico, siendo por ello el último fanzine especializado del género a nivel nacional que siguió la huella de “Sagitario”, uno de los primeros fanzines del género en Chile, hasta llegar a “Nadir”, costeado y escrito, en sus últimos meses de vida por Luis Saavedra. Con un gran número de colaboradores, “Fobos”, a diferencia de los demás fanzines, contaba con una portada y contra portada a color; su diagramación era mejor elaborada que sus antecesores, sus contenidos unas verdaderas joyas, envueltos en el particular humor de Saavedra. Por lo general, los fanzines no eran publicaciones mensuales. Aparecían de vez en cuando, con suerte cada 45 días o más, pero Saavedra hacia todo lo humanamente posible para romper con esto y publicar mensualmente.

Atrás quedan estos verdaderos esfuerzos titánicos de adultos y jóvenes de aquellos años, como muchos otros títulos, que deben estar presentes en la memoria de las nuevas generaciones, y dándoles las gracias por señalarles el camino.
Hoy vivimos una era digital en la que es más fácil publicar, ya sea on line o pequeños tirajes bien impresos, pero hay algo que estas publicaciones modernas no tienen: el conocimiento de verdaderos ratones de bibliotecas que no se dejan engañar por Wikipedia y sus afines.

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